Princesa y Soberana, Señora del Cielo, Estrella matutina, que fuiste adornada por el Creador Inmenso con dones muy dignos de gran alabanza, nosotros te alabamos diciendo:
Dios te salve, María...
Eres dichosa y muy merecedora de estar en la Gloria porque de tus virginales entrañas tomó carne humana el Verbo Divino. Por eso te alabamos diciendo:
Dios te salve, María...
Eres, Virgen gloriosa, la Esposa del Espíritu Santo y la Madre de Nuestro Señor, bien escogida por el Padre Eterno. Por eso te alabamos diciendo:
Dios te salve, María...
Inmaculada Virgen María, Reina de los Ángeles, Consolación y Gracia nuestra, que después de dar materia al Cuerpo del Señor, fuiste la tierra bendecida por Dios en que se depositó, como en los surcos del campo labrado, el grano eucarístico que nos libró de la cautividad:
En tus manos depositamos nuestras humildes oraciones para que, con tu amor maternal, las purifiques de todas sus imperfecciones y sean ofrenda agradable al Señor.
Te pedimos por la Santa Iglesia, la conversión de los pecadores, los enfermos, por aquellos que sufren, por la paz de los difuntos y por nosotros, para que nos ayudes a perseverar en nuestra vocación de adoradores, siguiendo el ejemplo de nuestro fundador, el Venerable Luis de Trelles, seglar comprometido en su tiempo en la adoración del Santísimo Sacramento y en el servicio a los demás.
Ruega por nosotros, dulce Señora, para que, con tu poderosa intercesión, lleguemos a alcanzar el favor de tu Divino Hijo, que vive y reina por los siglos de los siglos.
Amén.












